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Educación financiera

Qué es el bono a 10 años y por qué marca el precio de casi todo lo demás

2026-08-01 · 13 min de lectura

En 2022, la parte "segura" de muchas carteras perdió más dinero que algunas bolsas. El índice global de bonos se dejó un 13,3%, su peor año en veinticinco, y fue la primera vez que la renta fija caía a doble dígito. Mucha gente que había hecho exactamente lo que le recomendaron —diversificar, no jugársela toda a acciones— abrió su posición y vio números rojos donde le habían prometido tranquilidad.

Un año después, en España pasaba algo aparentemente opuesto: se formaban colas en el Banco de España para comprar letras del Tesoro. Los hogares españoles habían invertido 99 millones de euros en deuda pública durante 2022. En 2023 invirtieron más de 28.000 millones.

Las dos cosas tienen la misma explicación, y cabe en un solo número. Entender qué es el bono a 10 años es entender por qué sube tu hipoteca, por qué se desploma una tecnológica que gana dinero y por qué un día tu banco decide que sí, que ahora te paga por tus ahorros.

Qué es el bono a 10 años

Es un préstamo a un Estado. Le dejas dinero al Tesoro, te paga un interés periódico —el cupón— y te devuelve el capital al cabo de diez años. Nada más exótico que eso.

La cifra que ves publicada en los medios, sin embargo, no es el cupón: es la rentabilidad del bono a 10 años al precio al que se está intercambiando hoy en el mercado. Ese matiz parece de letra pequeña y es justo donde está todo lo interesante, como se ve en el apartado siguiente.

Cuando la prensa internacional habla del "bono a 10 años" sin apellidos, casi siempre se refiere al estadounidense, que funciona como referencia mundial. En España se sigue además el nuestro, que es el que marca lo que le cuesta financiarse al Estado y, por arrastre, a casi todo el mundo dentro del país.

La regla que casi nadie entiende: precio y rentabilidad van al revés

Esta es la pieza que explica el 90% de las sorpresas desagradables con renta fija.

Imagina que compras por 1.000 € un bono que paga un 1% anual. Al año siguiente, los tipos suben y el Tesoro emite bonos nuevos que pagan un 4%. ¿Cuánto vale ahora el tuyo? Menos de 1.000, evidentemente: nadie va a pagarte el precio completo por un papel que renta un 1% cuando puede comprar uno al 4%. Su precio baja hasta que, para quien lo compre a ese precio rebajado, la rentabilidad efectiva se parezca al 4% del mercado.

Precio y rentabilidad son la misma información contada al revés. Cuando lees que "la rentabilidad del bono sube", lo que está pasando es que su precio está cayendo. Y al revés. No son dos noticias: es una sola.

Falta un segundo ingrediente, y es el que convierte esto en algo práctico: cuanto más lejos esté el vencimiento, más se mueve el precio ante el mismo cambio de tipos. A eso se le llama duración. Una letra a doce meses apenas se inmuta; un bono a diez años se mueve bastante; uno a treinta, muchísimo.

Por eso "renta fija" no es una categoría, sino un abanico enorme. En 2022, mientras los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo firmaban el peor año de su historia, quien tenía letras a corto plazo apenas notó nada. Mismo tipo de activo, riesgo completamente distinto.

Por qué se le llama el precio del dinero

El bono a 10 años de un Estado solvente es lo más parecido que existe a una rentabilidad sin riesgo a largo plazo. Y eso lo convierte en la vara de medir de todo lo demás.

Una empresa no puede financiarse más barato que su Estado: pagará ese tipo más un extra por su propio riesgo. Una hipoteca a tipo fijo se construye sobre los tipos a largo plazo, de los que el bono a 10 años es el termómetro más visible. Y una acción tiene que ofrecer una expectativa de rentabilidad que compense no llevarte ese dinero al bono sin arriesgar nada.

Cuando ese número se mueve, se recalcula el atractivo de absolutamente todo lo demás. De ahí la expresión: no es un dato más del mercado, es el precio del dinero.

Cómo afecta el bono a 10 años a la bolsa

Por dos caminos distintos, y conviene no confundirlos.

El primero es competencia directa por el mismo dinero. Si un activo prácticamente sin riesgo renta un 4,7%, mucho inversor que buscaba rentas deja de necesitar la bolsa para conseguirlas. Parte del capital rota hacia el bono, sencillamente porque ya no hace falta arriesgar para obtener lo que se buscaba.

El segundo es más técnico y pega más fuerte. El valor de una empresa es, en esencia, todos sus beneficios futuros traídos a día de hoy. Y para traerlos a hoy hay que descontarlos a un tipo de interés. Cuando ese tipo sube, los beneficios lejanos valen menos hoy — y cuanto más lejanos, peor.

Esto tiene una consecuencia que se puede comprobar. Una empresa madura que ya gana dinero ahora sufre poco. Una empresa de crecimiento, cuyos beneficios grandes se esperan dentro de siete u ocho años, sufre mucho. No porque su negocio haya empeorado, sino porque el futuro, de repente, vale menos.

La prueba está en 2022. Ese año el Nasdaq cayó un 33% y el Dow Jones, un 8,8%. Misma economía, mismo año, misma inflación. La diferencia entre −33% y −8,8% es, casi toda, dónde están situados en el tiempo los beneficios de las empresas de cada índice.

Por eso las noticias sobre bonos mueven la bolsa aunque no hablen de ninguna empresa. Y por eso conviene saber cuánto de tu cartera depende de un puñado de valores de crecimiento: son los que más acusan cualquier movimiento de tipos.

Y a tu hipoteca, tu plan de pensiones y tus ahorros

El bono a 10 años no se queda en la pantalla de un bróker.

Tu hipoteca fija. El banco no te da un tipo fijo a treinta años por intuición: lo construye sobre lo que cuesta el dinero a largo plazo, que es exactamente lo que refleja este bono. Si sube de forma sostenida, las hipotecas fijas nuevas se encarecen.

Tu plan de pensiones y tu seguro de vida. Ambos suelen tener una parte importante en deuda pública. Es una de las razones por las que muchos planes conservadores —los que se supone que son los prudentes— tuvieron un 2022 tan malo.

Lo que te paga el banco. Y aquí llega la explicación de aquellas colas. Cuando la deuda pública renta lo suficiente, el ahorrador ya no necesita al banco para sacarle algo a su dinero. Los hogares españoles pasaron de tener el 0,1% del saldo de letras en septiembre de 2022 a cerca del 30% un año después, con la web del Tesoro caída y citas agotadas en el Banco de España. No cambió el producto, que llevaba décadas existiendo: cambió el precio del dinero.

La prima de riesgo: qué mide en realidad

En España el bono a 10 años viene casi siempre acompañado de otra palabra: la prima de riesgo. Y suele malinterpretarse.

La prima de riesgo es la diferencia entre lo que renta el bono español a 10 años y lo que renta el alemán al mismo plazo. No es un nivel: es un diferencial. Mide cuánto extra exige el mercado por prestarle a España en lugar de a Alemania, que funciona como referencia de solvencia de la eurozona.

De ahí sale el malentendido más común. La prima de riesgo puede bajar mientras tu hipoteca se encarece. Si los tipos suben en toda Europa a la vez, los dos bonos suben y la diferencia entre ellos no se mueve — o incluso se estrecha. La prima te dice cómo de bien te ve el mercado en comparación con Alemania; no te dice si el dinero está barato o caro. Son dos preguntas distintas y conviene no mezclarlas.

La curva de tipos invertida, y por qué no es un oráculo

Lo normal es que prestar a más plazo rente más: diez años de incertidumbre valen más que dos. Cuando ocurre lo contrario —el bono a dos años renta más que el de diez— se dice que la curva de tipos se ha invertido, y significa que el mercado espera que los tipos tengan que bajar, normalmente porque anticipa que la economía se frena.

Su historial impresiona: en los últimos sesenta años ha habido diez inversiones de la curva y todas precedieron a una recesión en Estados Unidos, habitualmente con unos doce meses de adelanto.

Pero conviene contar también la última página. La curva se invirtió en junio de 2022 y la recesión que casi todo el mundo daba por hecha no llegó, ni siquiera después de que la Reserva Federal subiera los tipos 550 puntos básicos en el ciclo más rápido de su historia. Desde entonces, la fiabilidad del indicador está en discusión.

La lectura honesta no es que la curva sirva o no sirva: es que es una señal con buen historial y sin ninguna garantía. Quien te la venda como una certeza te está vendiendo otra cosa.

El caso documentado: 2022, cuando la renta fija dejó de proteger

Todo lo anterior se vio junto, y en la misma dirección, en un solo año.

Los bancos centrales subieron tipos de forma agresiva para combatir la inflación más alta desde los años setenta. El resultado, con los índices en la mano:

Lo excepcional no fue la magnitud, sino la coordinación. Los bonos suelen amortiguar las caídas de la bolsa: cuando la economía se hunde, los bancos centrales bajan tipos y los bonos suben. En 2022 la causa era la misma para los dos —una subida de tipos brutal— así que cayeron juntos. El airbag y el choque venían del mismo sitio.

La conclusión útil no es "los bonos son malos". Es que la diversificación protege de muchos riesgos, pero no de todos, y existe uno —un shock de tipos— que golpea a las dos patas a la vez. Saberlo de antemano es lo que evita venderlo todo en el peor momento.

El caso en curso: la factura de la IA llega al mercado de deuda

A mediados de 2026 el bono a 10 años volvió a ser noticia, y por un motivo que enlaza directamente con lo anterior.

El 31 de julio de 2026 la rentabilidad del bono a 10 años estadounidense cerró en el 4,717%, superando el 4,7% por primera vez desde enero de 2025. Pero, como casi siempre, el nivel importaba menos que la trayectoria: en marzo rondaba el 3,87%, así que había subido unos 85 puntos básicos en cuatro meses, dejando atrás el 4,50% que llevaba tiempo actuando como techo. Detrás, un mercado laboral más fuerte de lo esperado y un repunte del petróleo que reavivó el miedo a la inflación. Por las mismas fechas se movía otra pieza en la dirección contraria, el carry trade en yenes: la fuente de dinero barato del mundo encareciéndose a la vez que el precio del dinero a largo plazo.

A la vez ocurría algo menos seguido. Los CDS —el precio de asegurarse contra el impago de una empresa— se dispararon justo en las compañías que lideran el gasto en inteligencia artificial: Meta en 92,1, Nvidia en 75,4 y Amazon en 61,8, cuando durante buena parte del año se movían entre 40 y 56.

La conexión estaba en sus cuentas. Amazon elevó su previsión de inversión para 2026 hasta 220.000 millones de dólares y su flujo de caja libre de doce meses se dio la vuelta hasta −7.600 millones, desde +18.200 millones: la inversión ya superaba el efectivo que generaba el negocio. Apple, por su parte, avisó de que su margen bruto pasaría del 50,1% a una horquilla del 47-48% por el encarecimiento de la memoria; Tim Cook describió lo que pasaba con esos precios como "una inundación de las que pasan cada 100 años".

Uniendo los puntos con lo que ya sabes: cuando una empresa deja de autofinanciar su inversión, la diferencia sale de emitir deuda. Y emitir deuda con el bono a 10 años en el 4,7% en lugar del 3,87% de cuatro meses antes cuesta bastante más. Que los CDS de esas mismas compañías subieran a la vez no era casualidad: era el mercado que les presta el dinero cobrando más por hacerlo, mientras sus acciones seguían cerca de máximos.

Qué vigilar, y qué no hacer

Lo primero, lo que no: nada de esto es una señal para comprar bonos, vender acciones ni adivinar si el bono a 10 años se va al 5% o se da la vuelta. Nadie lo sabe, y quien lo afirme con seguridad está adivinando con más aplomo que tú.

Tres cosas que sí merece la pena mirar: la trayectoria más que el nivel (85 puntos básicos en cuatro meses dice mucho más que un 4,7% suelto); la prima de riesgo como diferencial, sin confundirla con el precio del dinero; y la duración de tu renta fija, que es lo que de verdad determina cuánto se va a mover.

Y tres cosas razonables que hacer:

El bono a 10 años no es un indicador para especialistas. Es el precio al que el mundo se presta dinero a sí mismo a largo plazo, y de ese número cuelgan tu hipoteca, tu plan de pensiones y la valoración de casi todo lo que hay dentro de tu fondo indexado. No hace falta seguirlo cada día. Basta con saber leerlo el día que sale en las noticias.

Fuentes: datos de 2022 (Global Aggregate, MSCI World, S&P 500, Nasdaq, Dow Jones y comparación histórica de la cartera 60/40) a partir del resumen anual de inbestMe y del análisis de Morningstar sobre 150 años de la cartera 60/40. Inversión de los hogares españoles en letras del Tesoro: Xataka, El Cronista y The Objective, sobre datos del Tesoro Público y el Banco de España. Historial de la curva de tipos invertida y su comportamiento desde junio de 2022: Finect y La República. Cierre del bono a 10 años, diferenciales de CDS y flujos del 31-07-2026: informe diario de The Markets Eye (Diego Puertas), con los niveles del bono contrastados con CNBC y Advisor Perspectives; resultados, inversión y flujo de caja de Amazon con CNBC y Seeking Alpha; margen y declaraciones de Apple con CNBC y MacRumors. Análisis y opinión propios; esto no es una recomendación de inversión personalizada.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el bono a 10 años?

Es un préstamo a un Estado a diez años: le dejas dinero al Tesoro, te paga un interés periódico y te devuelve el capital al vencimiento. La rentabilidad que se publica en los medios no es el cupón original, sino lo que renta ese bono al precio al que se intercambia hoy en el mercado.

¿Por qué cuando sube la rentabilidad de un bono baja su precio?

Porque son la misma información contada al revés. Si tienes un bono que paga un 1% y el mercado empieza a emitir bonos al 4%, nadie te comprará el tuyo al precio completo: su precio baja hasta que, para quien lo compre rebajado, la rentabilidad se parezca a la del mercado. Cuanto más lejano sea el vencimiento, mayor es esa caída de precio.

¿Por qué afecta el bono a 10 años a la bolsa?

Por dos vías. Compite por el mismo dinero: si un activo casi sin riesgo renta un 4,7%, quien busca rentas ya no necesita asumir el riesgo de la renta variable. Y cambia las valoraciones, porque el valor de una empresa son sus beneficios futuros traídos a hoy: cuanto más alto el tipo, menos valen esos beneficios lejanos. Por eso las empresas de crecimiento son las que más sufren cuando los tipos suben.

¿Por qué perdí dinero con renta fija en 2022 si es la parte segura de la cartera?

Porque los bancos centrales subieron tipos de forma agresiva y eso hundió el precio de los bonos que ya estaban emitidos. El índice global de bonos cayó un 13,3%, su peor año en veinticinco. Lo excepcional fue que acciones y bonos cayeron a la vez, por la misma causa, así que la renta fija no amortiguó nada: una cartera 60/40 firmó uno de sus cuatro peores años registrados.

¿Qué es la prima de riesgo y qué mide exactamente?

Es la diferencia entre lo que renta el bono español a 10 años y lo que renta el alemán al mismo plazo. Mide cuánto extra exige el mercado por prestarle a España en lugar de a Alemania. Es un diferencial, no un nivel: la prima de riesgo puede bajar mientras el dinero se encarece para todos, si los dos bonos suben a la vez.

¿La curva de tipos invertida predice una recesión?

Tiene buen historial, pero no es una garantía. En los últimos sesenta años hubo diez inversiones de la curva y todas precedieron a una recesión en Estados Unidos, normalmente con unos doce meses de adelanto. Sin embargo, la inversión de junio de 2022 no vino seguida de la recesión esperada pese al ciclo de subidas más rápido de la historia de la Reserva Federal, y desde entonces su fiabilidad está en discusión.

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Esto es contenido educativo, no una recomendación de inversión personalizada. Antes de mover un euro, mira tu propia situación y, si hace falta, habla con alguien autorizado para asesorarte.